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La Coctelera
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Las recomendaciones de Lady Farnow (1)

 

Lady Farnow fue la última tutora de Claire H. Simone; ésta confesaría en más de una ocasión a sus allegados que su vida habría sido una catástrofe de no tomar sus padres la decisión de dejarla a su cargo. Las influencias de la inglesa, de sus conocimientos de astrofísica, de su afición a la música, de su competencia en las reglas de la gramática tanto en su lengua como en la de la joven Claire o de su erudición en el conocimiento de la historia antigua provocaron en Simone el deseo de aprender esto y aquello. Sin embargo en la correspondencia publicada a su muerte, la francesa desvela a su editor cuáles fueron las claves más valiosas regaladas por Victoria Farnow y todas tenían que ver con la seducción.

Claire H. Simone practicó el arte de la fascinación toda su vida de manera meticulosamente estudiada, 'como un tapiz cuya gradual elaboración parece no tener sentido en los primeros pasos pero que no hay más que extender su resultado para no poder dejar de contemplarlo'. Nada parece que fuera natural y todo era absolutamente natural en ella, incluso su belleza.

Desde luego la totalidad de consejos de Lady Farnow no resiste su casi siglo y medio de vida pero algunas de sus indicaciones habitan la línea entre lo eterno y lo remilgado. Lástima que el género epistolar no esté de moda y hayan dejado de editarse las cartas de Simone.

 

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Maletas (1)

Recuerda  H. D. Mills en sus memorias la tarde en la que después de un viaje muy pesado de New Jersey a Tokyo, con dos escalas de por medio, llegó por fin al Hotel Princess de la capital nipona. De aquel periplo y de su posterior estancia en Japón dice Mills que lo extraordinariamente memorable fue la bienvenida que le regaló la recepcionista del Princess. Líneas dedicadas a esa sonrisa, que Mills por supuesto sabía que formaba parte del contrato de asistente de recepción de la mujer.

Qué hermosas deben ser las bienvenidas, qué reconfortante debe ser dejar caer la maleta en cualquier parte del andén porque lo único que le ocupe a uno sean los abrazos del encuentro.

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Galerías de arte y otros zoos (1)

Que se deje morir de hambre a un perro atado a una cuerda es un hecho injusto, repugnante, que esto ocurra bajo el beneplácito de la gente que acude a presenciar esta agonía en una galería de arte desde luego es algo escandaloso. Muchas son las plataformas surgidas para denunciar lo ocurrido en la Galería Códice de Managua, Nicaragua, bajo la firma de Guillermo 'Habacuc' Vargas el año pasado.

 

Lo habitual es que la mayoría de personas que se posicionan en contra de esta locura o locuras similares lo hagan con el propósito de denunciar la crueldad sufrida por un individuo. Desde luego no cabe discusión, la crueldad es algo terrible, pero nos quedamos en la superficie si sacamos las conclusiones atendiendo sólo a esas dos coordenadas: crueldad e individuo. ¿Son peores veinte latigazos que uno? ¿es peor conocer la cara del que los recibe que no hacerlo? desde el punto de vista general parece que sí, parece que éstos son agravantes a la hora de emitir el juicio previo a la denuncia general. Lo ocurrido en la galería de arte es lo que ocurre diariamente a millones de individuos pertenecientes a especies diferentes a la nuestra; se vulneran sus derechos y se desatiende a sus intereses: se les considera una propiedad a la que poder exhibir, esquilmar o matar.

Los animales son moralmente significativos, poseen capacidad de sentir y tienen intereses propios, es por esto que debemos respetar esa condición: abolir el estatus de propiedad, lo que trae consigo dejar de criar animales domésticos y de usar animales salvajes como medios para nuestros fines.

Volvamos a la galería o a la plaza de toros o al matadero o al zoo o a la casa de muchos; la cuerda es más o menos larga, el acto conlleva más o menos crueldad, hay más o menos compasión pero en todos los casos donde existe el uso de un individuo hay un incumplimiento de su derecho a vivir en libertad que no es otorgado por nosotros, que deriva de su inherente posesión de intereses. Lo que hace aquél bajo el amparo del arte lo hacen muchos bajo el de la diversión, el sabor y mil excusas más que no se deben poner al nivel de los derechos que se trasgreden.

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Los Sonetos a Orfeo. Die Sonette an Orpheus. Rainer Maria Rilke

molinillos

                     I

Respiración, ¡tú poema invisible!
Intercambio perpetuo entre mi propio ser
y el puro espacio cósmico. Equilibrio
en que rítmicamente yo acontezco.

Ola única, cuyo
mar paulatino soy;
tú el más avaro de los posibles mares,
Adquisición de espacio.

Cuántos de esos espacios estuvieron ya
dentro de mí. Algunos vientos
son como hijos míos.

Me reconoces, aire, aún lleno de lugares
que fueron míos, tú, lisa corteza un día,
cimbra y hoja de mis palabras?

                     I

Atmen, du unsichtbares Gedicht!
Immefort um das eigne
Sein rein eingetauschter Weltraum. Gegengewicht,
in dem ich mich rhythmisch ereigne.

Einzige Welle, deren
allmähliches Meer ich bin;
sparsamstes du von allen möglichen Meeren,
Raumgewinn.

Wieviele von diesen Stellen der Räume waren schon
innen in mir. Manche Winde
sind wie mein Sohn.

Erkennst du mich, Luft, du, voll noch einst meiniger Orte?
Du, einmal glatte Rinde,
Rundung und Blatt meiner Worte.

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Viajar con Trotta (1)

Pequeña; le das sentido a tantas cosas...

Trotta

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Semilibertad

Elefante en el Bioparc de Valencia

Los animales que viven desde hace unos meses en el nuevo zoológico de Valencia lo hacen, según promociona la empresa gestora, en semilibertad.

El término es reprobable de todo punto; la libertad es el estado o condición de quien no es esclavo y parece imposible padecer la semiesclavitud; aplicar un prefijo que indica gradación a un término absoluto como éste no evidencia sino otra manera de hipocresía en nuestra relación con los animales. El lenguaje es una estupenda herramienta para aplacar conciencias inquietas y distorsionar verdades: así se llama Bioparc a un zoológico, a una cárcel y se convierte en semilibertad la cautividad, la esclavitud de los animales. No deja de sorprenderme que la descripción que se hace del Bioparc en su página web oficial indica que su creación está basada en el concepto de 'zoo-inmersión' y aclara: ‘sumergiendo al visitante totalmente en los hábitats salvajes’; de nuevo es curioso el uso del lenguaje para pretender hacer realidad en este caso el hecho opuesto; los animales han sido ‘sumergidos’ en el núcleo urbano de una ciudad con más de 700.000 habitantes y no al contrario, con el único fin de rentabilizar su exposición.

Y de nuevo esta estrategia de normalización del uso de los animales, sometiéndolos al transporte, a la cautividad y a la exposición, convirtiéndolos en objetos de entretenimiento, se dirige de forma directísima a los niños. A lo largo de la vida escolar de cualquier niño en algún momento aparece como contenido del proyecto educativo que padece la visita a un zoo, pero en ningún caso se previene de que la visita a estos recintos exige la esclavitud de los individuos que verá, de nuevo se hace entender que ése es su hábitat natural, que ahí están para ser observados, para entretenernos, que disponemos a voluntad de su vida. No sirve que se aplique esta actividad a un contenido de conocimiento, no es necesario viajar a la luna para conocer las características del satélite. Se espera del personal docente capacidad suficiente para explicar qué es una cebra sin necesidad de que ese individuo viva sometido para ser expuesto.

La semilibertad de los animales que han sido trasladados al Bioparc de Valencia exige de ellos la incapacidad de movimiento, de relación con otros que sí estarían en su entorno natural y soportar elementos que de ninguna manera pertenecen a aquél. Claro que puestos a seguir haciendo torpes juegos malabares con el lenguaje podríamos decir que viven en ‘semirrelación’ con otros animales y poseen capacidad de ‘semimovimiento’. ¿Dónde aprende a poner el límite entre libertad y cautividad un niño al que se le argumenta de esta manera?

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Petita Enciclopèdia de la Granja

Petita Enciclopèdia de la granja
Que se normalice el uso de los animales mediante cuentos, libros de texto y en general a través de cualquier herramienta usada en el acto de educar es un proceso que se encuentra en las bases de la enseñanza de nuestra sociedad. La discriminación hacia el resto de animales colocándolos en una posición inferior a la nuestra se hace habitual desde que aprendemos que la oveja nos ‘da’ lana, el chimpancé nos ‘entretiene’ o la ternera nos ‘da’ carne.

Petita Enciclopèdia de la Granja editado por Crüilla y con texto de Aurélie Saillard es un libro dirigido a niños de entre 4 y 8 años que ‘pretende descubrir el mundo de la granja’, normalizando, por tanto, como tantos otros la esclavitud de los animales. Sin embargo se aleja de la visión bucólica que presentan las granjas habituales en este tipo de lecturas donde los cerdos sonríen o las gallinas pican maíz a voluntad en el patio y que finalmente inventan el limbo al que van el resto de animales cuando acaba el relato y del que salen casi por casualidad en forma de chuleta envasada al vacío. Esta Petita Enciclopèdia de la Granja ofrece la imagen real de la crianza y explotación de animales, expone que su nacimiento responde a una planificación, que su vida transcurre sin libertad y concluye que estos individuos se convierten en productos rentables. Ilustran el libro fotografías que muestran desde la sobrealimentación de ocas al engorde en batería de cerdos o la amputación de órganos en vacas.

Petita Enciclopèdia de la Granja. Imagen de engorde de ocas

El texto es merecedor de las imágenes, despiadado en su descripción el autor habla de saturación, empacho, engorde, precio de la carne, rentabilidad... es el manual del perfecto granjero que busca provecho a su inversión estableciendo que las diferencias, por ejemplo entre cría al aire libre o cría intensiva de gallinas se traducen en la calidad de su carne o huevos. Y todo esto dirigido a niños de entre 4 y 8 años.
La editorial Crüilla con esta publicación da un paso más en el amplio ejemplo de publicaciones especistas al normalizar no sólo el uso de los animales sino haciendo cotidiana la imagen de la mano que introduce con fuerza la manguera hasta el gaznate de la oca, o el hacinamiento de cerdos en compartimentos minúsculos.

Sonría o no el ternero, especismo —discriminación en función de la especie— y educación van de la mano en ambos casos presentando una situación injusta tanto para el animal al que se priva de libertad y así es mostrado, como para el niño que recibe un mensaje de injusticia y sobre el que basará sus razonamientos y actuaciones futuras. Con este tipo de publicaciones en las que se estandariza la cosificación del resto de animales usando elementos de contenido tan duro se aleja la posibilidad de reflexión sobre el que desde niño asimile esta información como normal. La educación en valores ha de fomentar el respeto por los derechos de todos los individuos y no puede permitirse esperar a que el especismo desaparezca en la práctica igual que no lo hizo cuando fomentó por primera vez la igualdad entre hombres y mujeres o individuos de distinta raza.